Comunidades Biodiversas, Paisajismo y Permacultura en la Escuela Aguaribay

Este espacio de aprendizaje nace a partir de un proyecto de diseño participativo del paisaje de la escuela Aguaribay, desarrollado durante 2023, en el marco de los Proyectos de extensión Mauricio López de la Universidad Nacional de Cuyo. Durante el 2024 nos hemos propuesto materializarlo, a través del trabajo en jornadas teórico-prácticas en las cuales aprendemos sobre un tema y luego nos ponemos en acción.

“El paisaje es esta ronda que somos”, comentó una niña de 7mo grado durante el primer encuentro con las infancias en la escuela, en el cual nos reunimos estudiantes de prácticas sociales de la facultad, profesores, colaboradores y maestros. Mientras recorríamos el patio, preguntamos a las niñeces cuáles eran sus necesidades y qué querían para el espacio verde. Lo que más se repetía en las rondas de discusión era “la canchita de fútbol”, y “una huerta cuidada”.  Los árboles añosos y algunos arbustos, junto con la tierra desnuda y dura denotaban el estilo clásico que tuvo este jardín y que se fue perdiendo para dar paso a nuevos usos del espacio, que requerían atención y cuidados diferentes. La discusión continúa entre las niñeces: ¿La canchita de futbol tenía que ser de pasto o de tierra? Finalmente ganó el deseo de cultivar pasto. Se repitió en los círculos de conversación con 5to y 6to grado la importancia de los árboles: el cuidado de los cedros y olivos añosos, la importancia de plantar más árboles para tener sombra y para poder jugar con ellos. 

Así nació este proyecto, que tiene como objetivo diseñar, planificar y gestionar de manera participativa el paisaje de la escuela Aguaribay, tomando como pautas el cuidado del agua y las energías y la promoción de la diversidad biológica utilizando en lo posible especies vegetales nativas. 

El proceso de conocer y transformar este paisaje tuvo diferentes momentos: la discusión con las infancias, recabar la opinión de las familias a través de encuestas gráficas, trabajar con estudiantes de la facultad en el diseño paisajístico del espacio y poner manos a la obra. Durante el primer año produjimos plantines de especies nativas, instalamos un sistema de riego, plantamos y sembramos. Fueron sumándose voluntades como empresas y particulares que donaron materiales y plantas, y muchas familias con su trabajo durante los fines de semana. 

Lo más valioso de este proceso en curso, es que en cada encuentro donde aprendemos, practicamos, construimos y deconstruimos este paisaje, comenzamos a percibirlo como un entramado de seres de diversas especies con-viviendo en un tiempo y en un lugar, y sosteniéndose unos con otros. Se hace posible la re-mediación (volver a mediar) cuando nos permitimos el afecto hacia y desde esos otros seres que van poblando el jardín: los insectos, los árboles, las flores, las infancias, las familias. Comprendemos en cada encuentro que el paisaje nos narra y narra también el mundo que queremos. Inés Kreplak nos dice: “El paisaje que acompaña una vida se vuelve parte de un modo de estar en el mundo.” A través de sembrar, trasplantar, regar, y otras tantas actividades de jardinería nos abrimos, en las palabras de Guattari, a “un mundo de posibles”.

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