El pedido de construir una nueva aula para la Escuela Aguaribay surgió una mañana en mi correo y me quedé atrapado en la idea, confuso, pensativo… incluso me tomé un tiempo para responder pero, finalmente, di una devolución positiva al tema, con esa hidalguía temeraria de enfrentar a una hoja en blanco con uno mismo y por un tema que apenas conozco. «Hablemos del domo» decía el mensaje y a ese menester me aboco en las siguientes líneas, con el mayor de los respetos.
Si tuviera que simplificar qué es un domo, les diría que es geometría y magia. Un Domo parte de un cúmulo de números, ángulos y medidas en un ordenador. Valores que se entrelazan para convertirse en triángulos de madera y luego, más temprano que tarde, en estructuras pentagonales y hexagonales. El desenlace final termina mágicamente en una esfera, mejor dicho, en una media esfera. Algo inesperado para el observador incauto después de tanta rectitud. Y tan así de increíble es, que cuando aparece esa hermosa figura, uno no puede dejar de admirar ese esqueleto perfecto, redondo, fuerte, llamada por muchos «Geometría Sagrada».

Contextualizando un poco más acá y volviendo a lo terrenal, habría que decir que la idea de construir un aula domo, convive en esta comunidad hace varios años y que, evidentemente, la idea tuvo que madurar hasta hoy; momento en que las excusas ya eran estériles. Estaba todo, contábamos con el saber (padres «domeros»), teníamos los recursos necesarios tanto económicos como humanos y estaban las ganas. El Domo también quería nacer, así que sólo quedaba arrojarse a la mar como Ismael en el cuento de Herman Melville.
Así lo hicimos y hoy, es un proyecto que está en marcha, más vivo que nunca y con un gran avance. Seguimos trabajando los fines de semana, a veces entre semana y otros cuando podemos, pero no se detiene y acomete. Esperamos terminar el aula antes de fin de año, para arrancar el 2025 con un nuevo espacio (es oportuno recordar que ya llevamos construidas más de 5 aulas en la comunidad).
Para terminar, quería hablar del «Espíritu Aguaribay». Esa magia presente en el ambiente que hace posible lo imposible, que nos protege y nos abraza en todo momento. Cuando uno traspone el portón de la calle Pescara, percibe que está ingresando a un lugar diferente, sagrado, donde lo espiritual y lo terrenal conviven en justa armonía y se entrelazan como un domo, para dar como resultado un esqueleto perfecto, redondo y fuerte.




Un comentario
Soy testigo de la magia. Gracias por narrarla. Que se amplifique!!